
La pequeña minería tiene una paradoja.
Es una parte fundamental de la producción mundial de oro, pero continúa teniendo una presencia muy reducida en algunas de las cadenas internacionales que llevan el metal hasta las grandes refinerías.
Según el Sustainability & Responsible Sourcing Report 2026 de la London Bullion Market Association (LBMA), la minería artesanal y de pequeña escala representó aproximadamente 24 % de la producción minera mundial de oro en 2025, frente al 20 % estimado en 2016. Su producción alcanzó unas 932 toneladas, 10 % más que el año anterior.
Es decir, aproximadamente uno de cada cuatro gramos de oro extraídos de una mina en el mundo proviene hoy de este segmento.
Sin embargo, esa importancia productiva no se refleja de la misma manera dentro de las cadenas que abastecen a las refinerías pertenecientes a la Good Delivery List de LBMA. La propia organización reconoce que los volúmenes conocidos de oro ASM dentro de esos circuitos continúan siendo muy reducidos.
La diferencia ayuda a entender uno de los grandes desafíos actuales del mercado del oro.
La minería artesanal y pequeña suele operar en territorios donde confluyen dificultades de licenciamiento, informalidad, poca capacidad administrativa, limitada infraestructura de trazabilidad, problemas logísticos y acceso restringido a financiación formal.
Para compradores, bancos y refinerías internacionales, esas condiciones aumentan los costos y riesgos de la debida diligencia.
La respuesta más sencilla ha sido muchas veces evitar esas cadenas.
Pero existe una consecuencia difícil de ignorar: excluir una producción porque resulta compleja de verificar no hace desaparecer esa producción.
El oro continúa llegando al mercado.
Lo que puede desaparecer es precisamente la información que permitiría conocer quién lo produjo, dónde se originó y qué ocurrió durante su recorrido.
Por eso empieza a tomar fuerza una aproximación diferente.
LBMA la resume mediante un principio especialmente significativo: “responsible engagement rather than disengagement”.
Vincular responsablemente en lugar de desvincularse.
No significa reducir los controles para facilitar el ingreso del oro artesanal. Significa desarrollar mecanismos que permitan aplicar debida diligencia a cadenas cuya realidad económica y territorial es diferente a la de una gran operación minera.
La nueva Responsible Gold Guidance Version 10 avanza en esa dirección al incorporar herramientas específicas para la minería artesanal y de pequeña escala y mecanismos de mejora progresiva.
Pero quizás el cambio más interesante está ocurriendo fuera de la regulación.
LBMA también está desarrollando un Global Processing Plant Standard, pensado para fortalecer la trazabilidad, la debida diligencia y los flujos responsables en instalaciones que reciben y procesan material antes de que llegue a las grandes refinerías.
El World Gold Council está trabajando sobre problemas similares.
Durante 2026 ha impulsado iniciativas orientadas a mejorar el acceso de la minería artesanal y pequeña a procesamiento responsable, tecnología de verificación de origen, trazabilidad y compradores formales.
Las plantas centralizadas de procesamiento aparecen allí como una pieza especialmente interesante.
Miles de pequeños productores no pueden enviar individualmente pequeñas cantidades de material a una refinería internacional. El mercado necesita puntos donde esas producciones puedan procesarse y agregarse hasta alcanzar una escala comercial.
El problema aparece cuando agregar físicamente el oro significa también perder su historia.
Una infraestructura de mercado diferente intenta separar ambas cosas: consolidar físicamente el metal sin consolidar la información.
Cada producción puede conservar información sobre productor, territorio, origen, controles y transformaciones aunque posteriormente forme parte de un lote mayor.
Así comienza a dibujarse una nueva arquitectura:
producción → identificación de origen → procesamiento → agregación → trazabilidad → debida diligencia → comercialización → refinación.
Y alrededor de esa cadena aparece otra necesidad igualmente importante: financiación.
Un pequeño productor puede estar dispuesto a ingresar al mercado formal, pero necesita recursos para producir, procesar, transportar y esperar los tiempos comerciales de una cadena regulada. Si la financiación formal no está disponible, otros actores terminan financiando esos eslabones.
Por eso la discusión internacional empieza a superar una visión exclusivamente jurídica de la formalización.
Cumplir una norma es necesario.
Pero para que ese cumplimiento sea sostenible también deben existir compradores, infraestructura de procesamiento, mecanismos de pago, financiación, tecnología y canales comerciales capaces de reconocer la producción responsable.
Para Colombia, esta discusión tiene especial relevancia.
En muchos territorios, pequeñas producciones necesariamente deben reunirse antes de alcanzar volúmenes comercialmente eficientes. El desafío consiste en permitir esa consolidación sin perder la granularidad necesaria para reconstruir posteriormente el origen del oro.
La pregunta, entonces, está cambiando.
Ya no es solamente cómo impedir que el oro de mayor riesgo llegue al mercado formal.
También es cómo permitir que el oro legítimo producido en pequeñas cantidades pueda demostrar que merece permanecer dentro de él.
La trazabilidad aparece precisamente en medio de esas dos necesidades.
Porque el nuevo desafío del mercado del oro no debería consistir en escoger entre controlar el riesgo o incluir al pequeño productor.
Consiste en construir una infraestructura capaz de hacer posibles las dos cosas.
Fuentes: London Bullion Market Association (LBMA), Sustainability & Responsible Sourcing Report 2026, Supporting Pathways for Responsible ASM, Responsible Gold Guidance Version 10 y Country of Origin Data; World Gold Council, Artisanal & Small-Scale Gold Mining, The Role of Gold Processing Plants in Artisanal and Small-Scale Mining y Gold Processing Initiative, 2026.





