
Una historia que se repite en muchos países:
La minería artesanal y de pequeña escala no es una particularidad colombiana.
Existe en América Latina, África y Asia y constituye el sustento de numerosas comunidades que extraen oro y otros minerales mediante operaciones muy diferentes a las grandes explotaciones industriales.
Su relación con los Estados, sin embargo, ha sido compleja.
En muchos territorios la actividad minera existía antes de que aparecieran los actuales sistemas de títulos, licencias ambientales, registros de producción, obligaciones tributarias y mecanismos modernos de trazabilidad.
Cuando esas dos realidades se encuentran aparece una pregunta que numerosos países todavía intentan responder:
¿Cómo incorporar una actividad minera que ya existe en el territorio dentro de un sistema capaz de proteger el ambiente, verificar la producción, mejorar las condiciones de trabajo y permitir que el mineral llegue a mercados legales?
Informalidad e ilegalidad no siempre significan lo mismo:
Una de las primeras dificultades ha sido incluso el lenguaje.
La minería artesanal puede encontrarse por fuera de determinados requisitos regulatorios sin que necesariamente todas las personas que participan en ella tengan las mismas características, capacidades o relaciones con actividades criminales.
Por eso diferentes organismos internacionales han insistido en distinguir entre informalidad, ilegalidad y minería artesanal legítima.
La diferencia importa.
Si todas las situaciones reciben exactamente la misma respuesta, el Estado puede terminar dificultando la incorporación de mineros que precisamente buscan ingresar a la formalidad.
Pero reconocer esa diversidad tampoco significa aceptar cualquier actividad.
La explotación dentro de áreas prohibidas, la afectación ambiental, el uso de sustancias peligrosas, la vulneración de derechos laborales, la explotación infantil, el lavado de activos o la financiación de organizaciones criminales requieren mecanismos específicos de prevención, control y persecución.
El desafío consiste en distinguir las situaciones.
Perú: entrar a la formalidad no termina el proceso:
Perú ofrece una de las experiencias más estudiadas de América Latina.
Durante años ha desarrollado mecanismos de registro y procesos de formalización destinados a incorporar a miles de pequeños productores.
La experiencia ha permitido simplificar procedimientos y formalizar operaciones, pero también ha revelado un problema adicional.
Investigaciones realizadas con mineros ya formalizados encontraron mejoras en aspectos como seguridad laboral, condiciones de trabajo y conciencia ambiental.
Al mismo tiempo, algunas operaciones continuaron enfrentando dificultades para acceder a capital, asistencia técnica y acompañamiento institucional.
La lección resulta importante:
obtener la condición formal no garantiza por sí sola que una pequeña operación pueda sostener económicamente todos los requisitos necesarios para conservarla.
Ghana: cuando una licencia no alcanza:
Ghana es uno de los grandes productores africanos de oro y posee una extensa tradición de minería artesanal y de pequeña escala.
El país reconoce jurídicamente esta actividad y ha desarrollado mecanismos de licenciamiento.
Sin embargo, diferentes investigaciones muestran que una parte importante de la pequeña minería continúa desarrollándose por fuera del sistema formal.
Entre los problemas identificados aparecen procedimientos que no siempre corresponden a la escala o movilidad de las pequeñas operaciones, dificultades para acceder a áreas donde desarrollar legalmente la actividad y capacidades limitadas de supervisión estatal.
La experiencia ghanesa muestra que reconocer jurídicamente al pequeño minero es fundamental, pero no suficiente.
La regulación también debe poder funcionar en el territorio.
Mongolia: profesionalizar además de registrar:
Mongolia siguió otro camino.
Después de años de expansión de la minería artesanal, el país desarrolló reformas destinadas a reconocer y organizar esta actividad.
Los programas recientes han trabajado simultáneamente en regulación, organización de los mineros, derechos humanos, gestión ambiental y capacitación.
La idea que aparece detrás de esta experiencia es relevante:
la formalización puede entenderse no solamente como un procedimiento administrativo, sino como un proceso de profesionalización.
El minero necesita conocer las reglas, mejorar sus prácticas, organizar su actividad y tener capacidad para relacionarse con instituciones y compradores formales.
Filipinas: construir una ruta comprensible:
Filipinas también ha desarrollado mecanismos específicos para la minería artesanal y de pequeña escala.
Uno de los aprendizajes recientes ha sido la necesidad de convertir las normas en rutas que los propios productores puedan comprender.
Los programas de formalización han elaborado guías que explican paso a paso los registros, permisos, obligaciones ambientales y procedimientos necesarios para operar legalmente.
Puede parecer un detalle menor, pero no lo es.
Una ruta legal que existe únicamente en leyes, decretos y oficinas puede resultar prácticamente inaccesible para una operación pequeña ubicada lejos de los centros administrativos.
Formalizar también significa hacer comprensible la formalidad.
El costo de cumplir:
Existe además una dimensión económica.
planetGOLD estudió los sistemas de impuestos, tasas y regalías aplicables a productores y exportadores de minería artesanal y de pequeña escala en nueve países: Burkina Faso, Colombia, Ecuador, Guyana, Indonesia, Kenia, Mongolia, Filipinas y Perú.
La investigación parte de una pregunta especialmente importante:
¿pueden los costos asociados al sistema formal convertirse ellos mismos en un incentivo para permanecer en la informalidad?
La respuesta depende de cada país y de cada estructura productiva.
Pero la pregunta introduce un elemento fundamental en el diseño de políticas públicas.
Una pequeña operación no distribuye sus costos regulatorios sobre la misma cantidad de producción que una gran empresa minera.
Licencias, desplazamientos, estudios, registros, contabilidad, seguridad, trazabilidad, impuestos y cumplimiento tienen un peso proporcionalmente diferente cuando se producen pocos gramos o pequeñas cantidades de mineral.
Por eso la formalización también tiene una dimensión económica.
Tecnología, mercados y financiamiento:
Las experiencias internacionales más recientes están ampliando todavía más el concepto.
Formalizar ya no significa únicamente registrar al minero.
Los programas internacionales trabajan simultáneamente en acceso a financiamiento, tecnologías más limpias, eliminación del mercurio, capacitación, organización empresarial y acceso a compradores formales.
La razón es sencilla.
Un productor puede obtener autorización para trabajar y continuar dependiendo de mercados informales si no encuentra quién compre legalmente pequeñas cantidades de mineral, si el pago formal demora demasiado, si no puede financiar equipos adecuados o si cumplir resulta más costoso que permanecer por fuera del sistema.
La comercialización también forma parte de la formalización.
Control y formalización pueden coexistir:
Existe finalmente una tensión inevitable.
Los Estados necesitan intervenir frente a explotación en áreas prohibidas, daños ambientales, economías criminales y actividades que vulneran derechos de otras personas.
Al mismo tiempo, necesitan construir caminos para aquellos pequeños productores que pueden desarrollar una actividad legítima dentro del sistema.
Una política no necesariamente excluye la otra.
El verdadero desafío consiste en disponer de suficiente información para distinguir territorios, productores, escalas, impactos y situaciones jurídicas.
Controlar donde corresponde controlar.
Formalizar donde existe posibilidad de formalización.
Y acompañar donde el ingreso a la legalidad requiere capacidades que una pequeña operación todavía no posee.
Una pregunta que está cambiando:
Después de décadas de experiencias internacionales, la discusión sobre minería artesanal y tradicional parece estar evolucionando.
La pregunta inicial era cómo llevar al minero informal hacia la formalidad.
Hoy aparece una segunda pregunta, posiblemente más difícil:
¿qué condiciones necesita ese minero para permanecer allí?
La experiencia internacional no ofrece una fórmula única.
Ofrece algo quizá más útil: diferentes caminos que muestran que regulación, acompañamiento técnico, organización, tecnología, financiamiento, trazabilidad y acceso al mercado forman parte del mismo problema.
Formalizar puede comenzar con un registro o un permiso.
Pero una formalización sostenible solo existe cuando la ruta legal también puede convertirse en una ruta económica, técnica y territorialmente viable.
Fuentes:
Banco Mundial — Achieving Sustainable and Inclusive Artisanal and Small-Scale Mining: A Renewed Framework for World Bank Engagement, 2024.
planetGOLD — Formalization: Integrating miners into the formal economy and regulatory system.
planetGOLD — Documentation of Formalization Interventions under Phase 1 of the planetGOLD Programme, 2025.
planetGOLD — Taxes, Fees, Royalties and the Formalisation of ASGM Producers and Exporters, 2024.
planetGOLD Mongolia — Documentation of Formalization Interventions.
planetGOLD Philippines — Formalizing Small-Scale Gold Operations in the Philippines.
Resources Policy — Formalization is just the beginning: post-formalization successes and challenges in Peru's small-scale gold mining sector.
Resources Policy — Artisanal and small-scale mining formalization challenges in Ghana.





