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Cuando comprar oro no depende solo del dinero

Cuando comprar oro no depende solo del dinero
BATEA Insights

Cuando comprar oro no depende solo del dinero

En 1912, durante su comparecencia ante el Congreso de Estados Unidos, J. P. Morgan pronunció una frase que sintetizaba una determinada concepción monetaria de su época:

“Money is gold, and nothing else.”

Más de un siglo después, el sistema monetario es radicalmente distinto. Sin embargo, el oro conserva una característica particular: es un activo físico, escaso, negociado globalmente y con una referencia internacional de valor.

Esto permite plantear una pregunta interesante sobre mercados como el colombiano.

Tener dinero no siempre significa poder comprar

Normalmente pensamos la liquidez de una manera sencilla:

¿Hay recursos disponibles para comprar?

Pero cuando hablamos de oro aparece una segunda pregunta:

¿Esos recursos pueden utilizarse para comprar ese oro específico?

Un comprador formal no evalúa únicamente peso, pureza y precio. Debe conocer a su contraparte, verificar la procedencia del mineral, realizar procesos de debida diligencia y conservar los soportes exigidos para la operación.

Por eso, oferta física y oferta formalmente accesible no necesariamente son lo mismo.

La OCDE ha estudiado precisamente las dificultades que existen para conectar determinadas formas de pequeña minería con cadenas formales sometidas a estándares crecientes de debida diligencia.

Una segunda capa de liquidez

Desde Batea proponemos observar este fenómeno como una asimetría de liquidez de segundo grado.

No se trata de un concepto económico establecido, sino de una categoría analítica para describir una situación particular.

Existe una primera liquidez:

¿Hay dinero para comprar?

Y una segunda:

¿Cuánto de ese dinero está realmente habilitado para comprar la oferta disponible?

A esta última podemos llamarla liquidez elegible.

Puede existir capacidad monetaria suficiente y, al mismo tiempo, una capacidad de compra formal mucho menor debido a restricciones documentales, regulatorias, financieras o de riesgo.

Cuando la trazabilidad adquiere valor económico

Aquí aparece una consecuencia interesante.

Dos cantidades de oro pueden tener el mismo peso, la misma pureza y estar expuestas a la misma referencia internacional de precio. Sin embargo, si una puede demostrar adecuadamente su procedencia y la otra no, su capacidad para acceder al mercado formal puede ser diferente.

La trazabilidad deja entonces de ser únicamente un requisito de cumplimiento.

También se convierte en un atributo que facilita el acceso del mineral a la liquidez.

Esta tensión está presente en las discusiones internacionales sobre minería artesanal y de pequeña escala. El World Gold Council ha planteado que la debida diligencia debe coexistir con infraestructura de compra accesible y mecanismos de financiación que permitan incorporar producción responsable a las cadenas formales.

El oro no desaparece

Aquí conviene separar el análisis económico de cualquier juicio de moralidad.

Cuando una cantidad de oro encuentra dificultades para ingresar a determinados circuitos comerciales, el activo físico continúa existiendo.

También continúa existiendo una referencia internacional de valor y una demanda global por el metal.

Lo que puede haberse reducido no es necesariamente la demanda por oro, sino la capacidad de determinados circuitos formales para absorber una parte de la oferta.

Y los mercados reaccionan ante esas diferencias.

Pueden aparecer descuentos, mayor intermediación, desplazamientos hacia otros compradores o territorios, acumulación temporal del mineral o circuitos alternativos de comercialización.

La forma concreta dependerá de cada mercado. Pero el incentivo económico permanece: oferta y demanda intentan encontrarse.

Perspectiva Batea

Fortalecer la trazabilidad y la debida diligencia permite construir cadenas con mayor información y transparencia.

Pero existe un desafío complementario: conseguir que los productores tengan las herramientas necesarias para demostrar el origen de su producción y acceder a la liquidez formal.

Porque si las exigencias de entrada aumentan más rápidamente que la capacidad de cumplirlas, puede ampliarse la distancia entre el oro físicamente disponible y el oro que el mercado formal está en capacidad de comprar.

Quizás el desafío no sea escoger entre control y liquidez.

Es conseguir que ambos crezcan juntos.

Y entonces queda una pregunta estrictamente económica:

Si el oro existe, conserva una referencia global de valor y encuentra demanda, pero el dinero formalmente habilitado para adquirirlo no logra absorber toda la oferta, ¿qué hace naturalmente el mercado para volver a conectar ambos lados?

Fuentes: OCDE, estudios sobre debida diligencia en la cadena de suministro de oro; World Gold Council, London Principles y trabajos sobre minería artesanal y de pequeña escala.