
Durante buena parte del año, el oro permanece escondido debajo de montañas, quebradas y ríos.
Pero en algunos pueblos mineros de Colombia hay días en los que sale simbólicamente de la tierra y ocupa las calles.
Aparecen músicos, comparsas, familias, antiguos mineros, barequeros, chirimías, desfiles y celebraciones que cuentan una dimensión de la minería que pocas veces aparece cuando hablamos del sector.
Porque cuando una comunidad convive durante generaciones con un mineral, alrededor de su extracción termina formándose también una cultura.
Marmato, en Caldas, ofrece uno de los ejemplos más claros.
Sus Fiestas del Oro se celebran desde 1963. Documentos históricos del municipio explican que surgieron con un propósito comunitario y terminaron convirtiéndose en un espacio de encuentro de los marmateños y de reconocimiento a la tradición minera local.
Y no es una celebración desaparecida.
En octubre de 2024, Marmato realizó la edición XXXVII de sus Fiestas del Oro, con actividades culturales, deportivas, recreativas y artísticas.
Pero Marmato conserva además otra celebración todavía más particular.
En 2025 realizó la XIII Fiesta del Barequero.
Durante varios días, el municipio volvió la mirada hacia uno de sus oficios más antiguos. La programación incluyó actividades culturales y familiares, carnaval, encuentros comunitarios y una jornada dedicada específicamente a la memoria de los barequeros y barequeras.
Hubo incluso una Tertulia Barequera y espacios dedicados a investigaciones sobre la historia del barequeo.
La celebración permite observar algo interesante: el barequero no aparece únicamente como trabajador.
Aparece como memoria.
Como familia.
Como oficio transmitido entre generaciones.
La reina de las Fiestas del Barequero de 2025, por ejemplo, fue presentada destacando precisamente sus raíces familiares barequeras: bisabuelos, abuelos y familiares vinculados con el oficio.
La minería aparece entonces como una historia familiar que puede recorrer varias generaciones.
Y Marmato no está solo.
En Segovia, Antioquia, las Fiestas del Oro y la Minería volvieron a celebrarse en julio de 2025.
La programación combinó conciertos y actividades recreativas con expresiones directamente vinculadas con la identidad del territorio: encuentro de danza y chirimía, concurso de arrieros, concurso de chatarreras y una carrera de catangueros.
El catanguero es una figura profundamente asociada con la historia minera subterránea: durante generaciones, estos trabajadores transportaron materiales dentro y fuera de las explotaciones.
Convertir ese oficio en una competencia festiva es una manera de conservarlo dentro de la memoria colectiva.
En Remedios ocurre algo parecido.
En octubre de 2025 se celebraron las Fiestas del Oro, la Minería y la Ganadería, una programación construida alrededor de las actividades que históricamente han marcado la economía y la identidad del municipio.
La minería deja así de aparecer únicamente como producción.
Se convierte también en una referencia mediante la cual un territorio cuenta su propia historia.
En Chocó la relación adquiere otra forma.
No encontramos una celebración contemporánea denominada específicamente “Fiesta del Oro” comparable con las de Marmato, Segovia o Remedios.
Pero allí quizá ocurre algo todavía más interesante.
El oro está incorporado dentro de una cultura mucho más amplia.
Condoto, uno de los territorios históricamente asociados con la extracción de oro y platino en el Chocó, celebra cada año las fiestas de Nuestra Señora del Rosario.
Durante casi dos semanas los barrios participan con comparsas, pasacalles, verbenas, procesiones, balsas, gastronomía, bebidas tradicionales y música de chirimía.
La celebración es religiosa y cultural, no una fiesta minera.
Pero ocurre dentro de una comunidad cuya historia económica y social ha estado vinculada durante generaciones con los metales preciosos.
Y esa relación también aparece en su música.
De Condoto surgió, por ejemplo, el grupo de cantaoras Oro y Platino, integrado por mujeres nacidas y criadas en el municipio. Sus cantos forman parte de una tradición oral del Pacífico en la que territorio, memoria, trabajo y comunidad aparecen constantemente entrelazados.
Algo semejante ocurre en Tadó.
Allí la minería de oro continúa atravesando la vida cotidiana de numerosas familias, mientras expresiones como la Jotatón reúnen decenas de agrupaciones y cientos de bailarines alrededor de la jota chocoana, acompañada por chirimías.
La fiesta no celebra directamente la minería.
Celebra a la comunidad que vive en ese territorio.
Y esa diferencia es importante.
No todas las regiones auríferas convierten el oro en el nombre de una fiesta.
En algunos lugares la relación es explícita: Fiesta del Oro, Fiesta del Barequero, Fiesta de la Minería.
En otros, el oro permanece debajo de una cultura más amplia: aparece en las historias familiares, en los oficios, en los nombres, en las canciones y en la memoria de comunidades que durante siglos han vivido alrededor de los ríos y los minerales.
Por eso mirar las fiestas permite entender algo que las estadísticas de producción difícilmente pueden mostrar.
Un territorio minero no está compuesto solamente por minas.
Está compuesto por personas que trabajan y regresan a sus casas; por familias que transmiten conocimientos; por músicos que convierten experiencias en canciones; por palabras propias del oficio; por comidas, creencias, celebraciones y recuerdos.
El minero tampoco permanece siempre dentro de una mina o junto a un río.
También baila.
Toca música.
Participa en una comparsa.
Va a una procesión.
Cuenta historias.
Celebra con sus vecinos.
Y enseña a sus hijos una manera de entender el territorio que existía mucho antes de que ellos nacieran.
La minería puede transformar profundamente un paisaje.
Pero siglos de minería también dejan huellas menos visibles: formas de hablar, conocimientos, músicas, relaciones familiares y celebraciones.
Marmato celebra al barequero.
Segovia y Remedios ponen al oro y la minería en el nombre de sus fiestas.
Condoto convierte sus calles en chirimía, comparsas y balsas dentro de una comunidad históricamente vinculada con el oro y el platino.
Son expresiones distintas de algo parecido.
Durante unos días, el protagonista deja de ser el precio internacional del oro, una norma, una licencia o una cifra de producción.
El protagonista vuelve a ser la gente.
Porque hay días en los que el oro se pesa en gramos.
Y hay otros en los que se mide en memoria, música y fiesta.
Fuentes:
Alcaldía de Marmato y registros de las Fiestas del Oro y del Barequero; Cita con la Historia de Marmato; Gobernación de Caldas; programación de las Fiestas del Oro y la Minería de Segovia 2025; Fiestas del Oro, la Minería y la Ganadería de Remedios 2025; Radio Nacional de Colombia; Ministerio de las Culturas; Centro Nacional de Memoria Histórica y registros culturales de Condoto y Tadó.





