
La inclusión financiera está cambiando:
Durante buena parte de las últimas décadas, la respuesta frente a la exclusión financiera parecía relativamente sencilla: había que conseguir que más personas tuvieran una cuenta bancaria. Esa sigue siendo una pieza fundamental, pero la tecnología está ampliando rápidamente las formas en que una persona puede recibir, guardar, transferir y utilizar dinero. En Colombia, los depósitos electrónicos y las billeteras digitales han crecido con fuerza, mientras nuevas infraestructuras como Bre-B permiten conectar cuentas y depósitos de diferentes entidades mediante pagos inmediatos. El Banco de la República identifica entre los beneficios de la digitalización de los pagos la reducción de costos de transacción, una menor dependencia del efectivo y mayores posibilidades de inclusión financiera.
El cambio ya aparece en las cifras nacionales. En 2025, el 96,5 % de los adultos colombianos tenía al menos un producto de depósito y el 85,5 % tenía alguno activo. Sin embargo, las diferencias territoriales siguen siendo importantes. Esto muestra una distinción fundamental: tener acceso estadístico a un producto financiero no significa necesariamente disponer de una infraestructura que resuelva todas las necesidades económicas de una persona o de su actividad productiva.
La minería muestra una dificultad particular:
El sector minero permite observar esa diferencia con especial claridad. El primer Reporte de Inclusión Financiera Minera encontró que, entre 88.169 mineros de subsistencia registrados a junio de 2021, el 75,4 % tenía al menos un producto financiero, pero solamente el 44,1 % tenía uno activo o vigente. El propio Estado colombiano ha desarrollado posteriormente instrumentos para intentar cerrar esa brecha y facilitar la relación entre el sector minero y el sistema financiero.
El problema adquiere otra dimensión cuando se observa la operación comercial. Si un productor no dispone de un medio financiero adecuado para recibir el pago de su mineral, la necesidad de dinero no desaparece: puede trasladarse hacia el comprador o comercializador, que necesita encontrar una manera de entregarle los recursos. En determinados territorios eso puede significar volver al efectivo. La exclusión financiera de un eslabón termina entonces generando costos, riesgos de seguridad, dificultades operativas y problemas de trazabilidad para otros participantes de la cadena.
De las cuentas a las infraestructuras digitales:
Mientras estas dificultades persisten, la infraestructura de pagos está cambiando rápidamente. Bre-B representa una parte de esa evolución en Colombia: permite realizar transferencias inmediatas entre cuentas y depósitos de diferentes entidades. No reemplaza las cuentas ni los depósitos; crea una capa de interoperabilidad que facilita que el dinero pueda moverse entre ellos.
Junto a la infraestructura financiera regulada también están creciendo otras tecnologías. Billeteras digitales y sistemas basados en activos digitales, incluidas las stablecoins, permiten realizar determinadas funciones de transferencia, almacenamiento de valor y conversión entre diferentes redes. No son jurídicamente equivalentes a una cuenta bancaria o a un depósito electrónico regulado y plantean desafíos propios de regulación, protección del usuario, prevención de operaciones ilícitas y tratamiento tributario. Sin embargo, forman parte de una transformación global en la manera como personas y empresas pueden mover valor.
La pregunta empieza a ser diferente:
Para una persona que produce en un territorio apartado, lo importante no es únicamente poder afirmar que tiene una cuenta. Necesita recibir el pago por su actividad, conservar recursos, transferirlos, pagar a terceros y convertir una parte en efectivo cuando realmente lo necesite. Para quien compra su producción también resulta importante poder identificar a quién pagó, cuánto pagó y qué operación originó ese movimiento.
Las nuevas infraestructuras no eliminan la necesidad de los bancos ni sustituyen automáticamente al sistema financiero. Están creando un ecosistema en el que pueden convivir cuentas, depósitos, billeteras, redes de pagos inmediatos y otras tecnologías. La discusión empieza entonces a desplazarse desde una pregunta sencilla —“¿tiene cuenta bancaria?”— hacia otra mucho más amplia: “¿puede participar efectivamente en una infraestructura financiera digital?”
Del efectivo a una historia financiera:
Para la minería, la oportunidad podría estar precisamente allí. Si una operación permite relacionar de manera verificable al productor, el mineral entregado, el comprador, el valor reconocido y el pago realizado, la digitalización puede hacer algo más que reducir el transporte y la distribución de grandes cantidades de efectivo. Puede comenzar a construir una historia económica del productor.
Un pequeño minero que durante meses recibe pagos digitales asociados con producción legal empieza a generar información sobre su actividad, sus ingresos y su comportamiento transaccional. Esa información no sustituye la evaluación de una entidad financiera, pero puede reducir una de las dificultades que históricamente ha acompañado al sector: la falta de información estructurada que permita comprender su actividad y diferenciar sus riesgos.
Una evolución que apenas comienza:
La cuenta bancaria seguirá siendo una pieza fundamental del sistema financiero, pero ya no está sola. Cuentas, depósitos electrónicos, billeteras, pagos inmediatos y nuevas infraestructuras digitales empiezan a convivir dentro de un ecosistema cada vez más amplio. Esa transformación tendrá contradicciones y requerirá regulación, controles e interoperabilidad, como ha ocurrido con otras innovaciones financieras.
Para la minería colombiana, la pregunta quizá ya no sea solamente cuántos productores tienen una cuenta. La pregunta empieza a ser cuántos pueden recibir, utilizar y mover digitalmente el producto de su trabajo sin obligar a que la cadena vuelva al efectivo.
La inclusión financiera podría estar evolucionando, entonces, desde el simple acceso a un producto hacia algo más amplio: la capacidad efectiva de participar en una economía digital.
Fuentes:
Banco de la República — Reporte de la Infraestructura Financiera e Instrumentos de Pago 2026.
Banco de la República — Bre-B: Sistema de Pagos Inmediatos Interoperado de Colombia. Diseño, Implementación y Perspectivas, 2026.
Superintendencia Financiera de Colombia y Banca de las Oportunidades — Reporte de Inclusión Financiera 2025.
Banca de las Oportunidades, Ministerio de Minas y Energía y Agencia Nacional de Minería — Reporte de Inclusión Financiera para el sector minero.
Ley 2177 de 2021 — disposiciones para facilitar el acceso del sector minero colombiano al sistema financiero y asegurador.
Bank for International Settlements — Annual Economic Report 2025, análisis sobre stablecoins y evolución de los sistemas monetarios y de pagos.





