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La historia reciente del oro colombiano · 01 de 05 · 1991: cuando el mercado se abrió

La historia reciente del oro colombiano · 01 de 05 · 1991: cuando el mercado se abrió
Formalización

La historia reciente del oro colombiano · 01 de 05 · 1991: cuando el mercado se abrió

A comienzos de los años noventa, Colombia estaba cambiando su relación con la economía mundial.

El país avanzaba hacia la apertura económica. Se reducían restricciones al comercio exterior, se transformaba el régimen cambiario y se buscaba una mayor integración con los mercados internacionales. El proceso había comenzado al final de la década anterior y se aceleró durante el gobierno de César Gaviria.

El oro también hizo parte de esa transformación.

En enero de 1991 se expidió la Ley 9, una amplia reforma al régimen cambiario colombiano. Entre sus disposiciones había una que cambiaría profundamente el comercio del metal: la compra, venta y posesión de oro en polvo, en barra o amonedado pasaban a ser libres.

Hasta entonces, el Banco de la República había ocupado una posición exclusiva en la compra del oro de producción nacional.

El oro colombiano también entraba en la apertura económica.

UNA TRANSICIÓN, NO UN CAMBIO DE UN DÍA PARA OTRO

La apertura jurídica de 1991 no significó que al día siguiente apareciera una multitud de nuevos exportadores.

El cambio fue progresivo.

El Banco de la República continuó participando en el mercado, pero dejó de ser su único comprador. Durante los años siguientes se reglamentó la participación privada y compradores, fundidores y exportadores particulares fueron ocupando un espacio cada vez mayor en la comercialización.

Además, el nuevo mercado no partió de cero.

En Medellín ya existía una infraestructura privada especializada en fundición, ensaye y procesamiento del oro que había trabajado durante años dentro del sistema anterior. Con la liberalización, parte de esa capacidad técnica y comercial pudo adaptarse al nuevo escenario.

Hacia mediados de los años noventa, distintos estudios describían ya un mercado privado concentrado alrededor de un reducido grupo de agencias fundidoras-exportadoras, principalmente ubicadas en Medellín.

En términos económicos, Colombia había pasado de un comprador institucional único hacia una estructura inicialmente cercana a un oligopsonio: muchos productores frente a un número reducido de compradores especializados.

La apertura había creado competencia, pero la construcción de un mercado más amplio tomaría tiempo.

UN METAL COLOMBIANO CON PRECIO INTERNACIONAL

La transformación tenía otra dimensión.

El oro podía extraerse en Antioquia, Chocó, Bolívar, Cauca o cualquier otra región productora, pero su valor no se determinaba únicamente allí.

Era —y sigue siendo— una mercancía internacional.

A medida que avanzaba la comercialización privada, adquirían mayor importancia las referencias internacionales del oro, la tasa de cambio, el ensaye, la fundición, los costos logísticos y la capacidad de conectar la producción de regiones apartadas con compradores en el exterior.

Comenzaba a construirse una arquitectura comercial alrededor del metal.

Pero esa apertura no produjo una bonanza inmediata.

UN MERCADO ABIERTO EN UNA DÉCADA DE PRECIOS BAJOS

Las cifras ayudan a entenderlo.

En 1991 Colombia registró exportaciones cercanas a 1,13 millones de onzas troy, por aproximadamente US$409 millones. Hacia 1999, el registro había descendido a cerca de 281.000 onzas, por alrededor de US$82 millones.

El precio internacional tampoco acompañaba al nuevo mercado. Durante la década perdió terreno y hacia finales de los noventa se encontraba alrededor de los US$300 por onza, muy lejos de los niveles que conocería el mundo años después.

Esto permite hacer una distinción importante.

1991 abrió el mercado, pero no creó una bonanza.

Lo que cambió fue algo más estructural: la manera en que el oro colombiano podía comprarse, procesarse, comercializarse y conectarse con el exterior.

Durante los años noventa fue tomando forma un mercado privado especializado, con Medellín como uno de sus principales centros comerciales y metalúrgicos.

Al finalizar la década, el paisaje era muy diferente al de 1990.

El Banco de la República continuaba siendo un actor del mercado, pero ya no era el comprador exclusivo. Existían compradores privados, fundidores y exportadores. El precio internacional y el dólar tenían una presencia creciente en las decisiones comerciales.

En menos de una década había cambiado la arquitectura del comercio.

Antes de que cambiara profundamente la minería colombiana, había comenzado a cambiar su mercado.

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Fuentes:

Banco de la República; UPME; DANE–ICER Antioquia; Ley 9 de 1991.