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Antes de transformar un mercado, hay que aprender a verlo

Antes de transformar un mercado, hay que aprender a verlo
BATEA Insights

Antes de transformar un mercado, hay que aprender a verlo

En una región minera, cada actor observa una parte diferente del mercado.

El productor conoce su operación, sus costos y las dificultades del territorio. El abastecedor conoce los flujos comerciales. El transportador conoce las rutas. El comercializador conoce la liquidez, los precios y las condiciones reales de compra. Los proveedores conocen las necesidades operativas. Las comunidades conocen transformaciones y problemas que difícilmente aparecen completos en una estadística. Las autoridades observan títulos, registros, declaraciones y obligaciones.

El sistema financiero posee otra mirada: movimientos de dinero, capacidad de pago, información patrimonial, antecedentes y señales de riesgo.

Todos observan el mismo mercado.

Pero ninguno puede verlo completo.

Esto no es solamente una característica de la minería. Es un problema estudiado desde distintas disciplinas alrededor de una pregunta fundamental: ¿cómo se produce y circula el conocimiento que permite funcionar a un mercado?

La literatura académica utiliza el concepto de infraestructura de conocimiento —knowledge infrastructure— para estudiar los sistemas mediante los cuales información, experiencia, prácticas, instituciones y herramientas permiten construir conocimiento sobre una determinada realidad.

Araujo y Mason, al estudiar las infraestructuras de mercado, muestran precisamente que los intercambios económicos dependen de arreglos que permiten definir bienes, calcular valor, establecer equivalencias y hacer circular información. También advierten que comprender un mercado exige observar cómo esas infraestructuras conectan prácticas que se encuentran dispersas.

Otra aproximación académica lleva la idea todavía más lejos.

Erwin Dekker y Pavel Kuchař, en Governing Markets as Knowledge Commons, plantean que los mercados dependen de estructuras de conocimiento que son producidas y reproducidas mediante las contribuciones y el intercambio entre sus participantes. Reglas, convenciones, clasificaciones y otras formas de conocimiento compartido forman parte de la infraestructura que hace posibles las relaciones económicas.

Esta perspectiva resulta especialmente interesante cuando se observa un mercado territorial y fragmentado como el del oro colombiano.

Porque existe una diferencia importante entre tener información sobre un mercado y comprender cómo funciona ese mercado.

Una entidad financiera puede conocer los movimientos bancarios de una empresa y, aun así, tener dificultades para interpretar completamente la actividad productiva y comercial que existe detrás de esos movimientos.

Una autoridad puede conocer la producción declarada de un municipio sin observar todas las relaciones económicas que permiten que esa producción llegue finalmente al mercado.

Un comercializador puede conocer profundamente su red de abastecimiento sin conocer las necesidades de otros territorios.

Y una comunidad puede poseer conocimiento acumulado durante generaciones sobre su actividad minera sin que buena parte de ese conocimiento llegue alguna vez a convertirse en información visible para quienes toman decisiones fuera del territorio.

Puede ocurrir entonces una aparente paradoja:

tener cada vez más datos y seguir viendo solamente fragmentos del mercado.

La minería artesanal y de pequeña escala ofrece antecedentes interesantes sobre la búsqueda de otras formas de producir conocimiento.

El Banco Mundial creó Delve en 2016 como un recurso global de datos, investigación y conocimiento sobre minería artesanal y de pequeña escala. Posteriormente surgió Delve Exchange, una iniciativa de intercambio entre los propios actores mineros. Actualmente conecta a más de 3.000 mineros y trabajadores de cantera de 71 países mediante redes regionales y espacios donde comparten conocimiento, problemas y soluciones desarrolladas localmente.

El caso resulta interesante no porque pueda trasladarse automáticamente a Colombia, sino porque demuestra que el conocimiento sectorial también puede construirse desde quienes viven diariamente la actividad.

La OCDE reconoce igualmente la importancia de incorporar a las partes interesadas en los procesos de planificación y decisión del sector extractivo, particularmente por sus impactos económicos, sociales y ambientales. Su guía sobre participación significativa está dirigida precisamente a desarrollar mecanismos que permitan integrar esas perspectivas dentro de los procesos de debida diligencia.

Esto devuelve la discusión al territorio.

Un minero conoce algo que el banco desconoce.

El banco conoce algo que el minero desconoce.

Una comunidad conoce algo que probablemente desconozcan ambos.

El comercializador posee otra pieza.

La autoridad posee otra.

El proveedor, el transportador, el laboratorio, la asociación y el comprador poseen otras.

La arquitectura del mercado aparece cuando comenzamos a relacionar esas piezas.

Pero relacionarlas tampoco significa asumir que toda información es correcta ni que todas las voces representan al sector.

El conocimiento territorial puede ser parcial. Los datos institucionales pueden tener rezagos. Las estadísticas pueden contener vacíos. Los intereses económicos pueden producir sesgos. Las comunidades pueden tener posiciones diferentes entre sí. Y las experiencias individuales no necesariamente describen una realidad nacional.

Por eso una verdadera infraestructura de conocimiento no consiste simplemente en acumular información.

Consiste también en contrastar, contextualizar, verificar y aprender.

Y quizá allí exista una pregunta relevante para el futuro del mercado colombiano del oro.

Durante décadas hemos construido normas, registros, estadísticas, controles, procedimientos de debida diligencia y sistemas de información. Todos ellos permiten observar dimensiones importantes de la actividad.

Pero todavía podemos preguntarnos:

¿qué tanto conocemos realmente la arquitectura que conecta a quienes producen, abastecen, transportan, financian, prestan servicios, transforman, comercializan, regulan y conviven con la minería?

Tal vez antes de preguntarnos cómo transformar ese mercado exista una tarea anterior.

Aprender a verlo.

Fuentes:

Araujo, L. & Mason, K. (2021). Markets, infrastructures and infrastructuring markets. AMS Review, 11, 240–251. Springer Nature.

Dekker, E. & Kuchař, P. (eds.) (2021). Governing Markets as Knowledge Commons. Cambridge University Press.

Banco Mundial – Extractives Global Programmatic Support (EGPS). Artisanal and Small-Scale Mining: Delve and Delve Exchange.

Banco Mundial – EGPS (2026). Annual Report 2025. Delve Exchange: Connecting the ASM Community Worldwide.

OCDE (2017). OECD Due Diligence Guidance for Meaningful Stakeholder Engagement in the Extractive Sector. OECD Publishing, París.