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La historia reciente del oro colombiano 05/05 — Los años de la transición

La historia reciente del oro colombiano 05/05 — Los años de la transición
Formalización

La historia reciente del oro colombiano 05/05 — Los años de la transición

Las transformaciones iniciadas en las décadas anteriores llevaron al mercado colombiano del oro a una etapa particularmente compleja.

El país había abierto la comercialización, reorganizado su legislación minera, creado nuevas instituciones y comenzado a exigir información sobre la procedencia del mineral. Pero convertir esas piezas en un sistema capaz de funcionar sobre territorios diversos resultó ser un desafío mucho mayor.

Durante los años siguientes convivieron formalización e informalidad, operaciones contra la extracción ilícita, destrucción e incautación de maquinaria, investigaciones y procesos judiciales, mayores controles sobre comercializadores y nuevas exigencias para acceder al sistema financiero y a compradores internacionales.

Fue una etapa de fuertes tensiones.

Vista dentro de una transformación de más de tres décadas, esta última etapa puede entenderse como los años de una transición que todavía continúa: un período en el que el mercado, las instituciones y las normas han tenido que aprender a adaptarse unos a otros mientras cambian las exigencias sobre legalidad, origen, conocimiento de contraparte, debida diligencia y trazabilidad.

Conocer mejor a quienes participan:

La comercialización del oro comenzó a requerir capacidades que anteriormente no ocupaban el mismo lugar.

Conocer el peso, la ley, el precio y las condiciones de compra continuó siendo fundamental. Pero progresivamente se sumaron otras preguntas: quién produce, quién vende, quién compra, quién controla una empresa, de dónde proviene el mineral y qué riesgos pueden existir detrás de una operación.

La debida diligencia y el conocimiento de las contrapartes comenzaron así a formar parte de la actividad cotidiana de comercializadores, exportadores, entidades financieras y compradores internacionales.

El oficio también empezó a profesionalizarse.

Cumplimiento, tributación, comercio exterior, gestión de riesgos, sistemas de información y trazabilidad fueron incorporándose a una actividad que durante décadas había descansado principalmente sobre el conocimiento del mineral, del territorio y de las relaciones comerciales.

Una realidad difícil de clasificar:

Sin embargo, establecer reglas sobre el papel y aplicarlas sobre el territorio son procesos diferentes.

La cadena colombiana del oro reúne realidades muy distintas: mineros de subsistencia, pequeños productores mecanizados, titulares mineros, organizaciones comunitarias, plantas de beneficio, compradores territoriales, comercializadores, exportadores y compradores internacionales.

Sus capacidades económicas, tecnológicas y administrativas tampoco son iguales.

Los estudios realizados sobre la cadena colombiana durante esta etapa mostraron precisamente algunas de esas dificultades: en determinados territorios podía resultar complejo distinguir entre actividades tradicionales o informales que todavía transitaban hacia la formalización y actividades vinculadas a economías ilícitas.

La regulación tuvo entonces que enfrentarse a una realidad mucho más heterogénea que las categorías jurídicas utilizadas para describirla.

Regular también es aprender:

Las etapas de transición no exigen únicamente que los actores económicos aprendan nuevas reglas.

Las instituciones también acumulan experiencia durante su implementación.

El propio sistema de comercialización fue incorporando ajustes, requisitos diferenciados, registros, certificados de origen, límites de producción y nuevas herramientas de información. El RUCOM continúa operando como uno de los mecanismos para identificar a quienes están autorizados para comercializar minerales en Colombia.

Ese aprendizaje plantea un desafío que sigue vigente: construir mecanismos de control suficientemente sólidos para proteger la legalidad del mercado, pero también suficientemente adaptables para reconocer las diferencias entre quienes participan en él.

En una cadena tan diversa, los períodos de transición, la pedagogía, la proporcionalidad de los requisitos y el acompañamiento a los actores pueden ser tan importantes como la existencia misma de la norma.

La adaptación, por tanto, ocurre en ambos sentidos. El mercado debe desarrollar capacidades para responder a nuevas exigencias, pero la experiencia de su aplicación también permite identificar dónde las reglas necesitan ajustes, herramientas diferenciadas o mejores mecanismos de implementación.

Regular también es aprender de la realidad sobre la cual se regula.

De los documentos a la trazabilidad:

La tecnología está abriendo una nueva etapa de ese proceso.

En 2026 comenzó a operar en Colombia la Plataforma de Trazabilidad de Minerales, diseñada para registrar, validar y seguir transacciones desde el origen del mineral hasta su comercialización final.

Es un cambio significativo.

La pregunta ya no consiste únicamente en saber si existe un documento de origen. Gradualmente se busca relacionar productores, transacciones, cantidades y movimientos dentro de una misma secuencia de información.

La trazabilidad tampoco resuelve por sí sola todos los problemas del mercado. La calidad de un sistema depende de la calidad de la información que recibe y de la capacidad para verificarla.

Pero las herramientas disponibles hoy permiten formular soluciones que hace apenas una década eran mucho más difíciles de implementar.

Los desafíos que siguen:

El proceso está lejos de terminar.

Todavía existen desafíos para conectar pequeñas producciones legales con mercados formales, reducir los costos y las fricciones del cumplimiento, mejorar el acceso financiero, proporcionar liquidez en los territorios, profesionalizar los diferentes eslabones de la cadena y conservar la información de origen cuando muchas pequeñas producciones deben reunirse para alcanzar una escala comercial.

También permanece abierta una pregunta especialmente importante: cómo conseguir que las reglas acompañen la evolución del mercado sin desconocer las realidades económicas y territoriales sobre las cuales deben aplicarse.

La respuesta probablemente no será únicamente normativa.

Requerirá instituciones, productores, compradores territoriales, comercializadores, sistema financiero, tecnología y compradores internacionales capaces de intercambiar información y construir confianza.

También requerirá tiempo, aprendizaje y pedagogía. Una transformación de esta magnitud difícilmente ocurre de manera inmediata cuando involucra territorios, formas productivas y capacidades tan diferentes.

Una historia que todavía se está escribiendo:

Desde 1991, el mercado colombiano del oro ha cambiado profundamente.

Primero se abrió la comercialización. Después se intentó ordenar jurídicamente el subsuelo. El aumento internacional del precio transformó la escala de la actividad. Más tarde, la procedencia del mineral comenzó a formar parte de la regulación y, durante la última década, la debida diligencia, el conocimiento de las contrapartes y la trazabilidad adquirieron una importancia creciente.

Cada etapa respondió a problemas que se hicieron visibles en su propio momento.

La etapa actual posiblemente sea una de las más exigentes porque intenta conectar muchas de esas piezas al mismo tiempo.

Pero también existen hoy instituciones, conocimiento, experiencia y herramientas que no estaban disponibles cuando comenzó esta historia.

Llamar a este período “los años de la transición” no significa anticipar cómo terminará. Significa reconocer que una parte importante de las estructuras con las que funcionará el mercado colombiano del oro durante los próximos años todavía se está construyendo, probando y ajustando.

El reto será conseguir que regulación y realidad puedan acercarse progresivamente; que el control pueda convivir con la inclusión; que la información genere confianza; y que productores, compradores y mercados puedan integrarse dentro de una cadena cada vez más transparente y competitiva.

Después de treinta y cinco años, la historia reciente del oro colombiano no termina con una respuesta definitiva.

Termina, por ahora, con un mercado que sigue aprendiendo a conocerse, adaptarse y conectarse.

Fuentes:

Agencia Nacional de Minería — RUCOM y Plataforma de Trazabilidad de Minerales; Ministerio de Minas y Energía — información sobre formalización de la pequeña minería; normativa colombiana sobre comercialización y trazabilidad de minerales; OCDE — estudios sobre debida diligencia en la cadena de suministro de oro de Colombia y Guía de Debida Diligencia para cadenas responsables de minerales.