
La trazabilidad minera está entrando en una etapa diferente. Durante años, buena parte de la discusión tecnológica se concentró en la posibilidad de seguir físicamente un mineral a lo largo de toda su cadena. Un nuevo estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) muestra que, en la práctica, las arquitecturas que están apareciendo son más diversas.
El informe Enhancing Resilience Through Traceability, publicado el 9 de septiembre de 2026, estudia especialmente las cadenas de litio de Argentina y Chile y las de níquel de Indonesia y Filipinas. Su investigación combina una encuesta realizada junto con la Agencia Internacional de Energía a 90 empresas con entrevistas y visitas de campo. �
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Uno de sus principales hallazgos es que la trazabilidad completa de extremo a extremo sigue siendo poco frecuente. En cambio, las empresas utilizan combinaciones de mapeo de cadenas de suministro, protocolos de cadena de custodia, auditorías, información comercial y sistemas de balance de masas que permiten construir distintos niveles de visibilidad sobre el mineral. �
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El balance de masas resulta particularmente interesante. Este modelo reconcilia la cantidad de material que entra a una operación con la que sale, teniendo en cuenta transformaciones y pérdidas, y permite mezclar materiales de diferentes procedencias manteniendo controles sobre los volúmenes. La preservación física de la identidad de cada material ofrece una trazabilidad más estricta, pero resulta más costosa y menos utilizada en determinadas etapas de procesamiento.
La investigación también identifica una dificultad tecnológica importante: los sistemas continúan fragmentados. Más de la mitad de las empresas consultadas señaló los costos de implementación y la falta de interoperabilidad entre sistemas como obstáculos relevantes. Al mismo tiempo, cerca de tres cuartas partes manifestó que planea aumentar su inversión en trazabilidad.
Esto introduce una discusión que va más allá de desarrollar una plataforma o almacenar información. Diferentes participantes de una cadena mineral pueden conocer el origen, la producción, los movimientos, la transformación, la propiedad o el cumplimiento de un mismo material. El desafío consiste en determinar qué información debe conservarse, quién la genera, cómo puede verificarse y de qué manera distintos sistemas pueden relacionarla sin duplicar innecesariamente los procesos.
La propia OCDE plantea que los sistemas existentes pueden ser complementarios cuando están situados en diferentes partes de la cadena y señala que una mayor armonización e interoperabilidad puede ayudar a cerrar vacíos de información evitando duplicidades.
La conclusión tecnológica es relevante: trazabilidad no significa necesariamente que un único sistema tenga toda la información. Puede significar que diferentes fuentes produzcan evidencias capaces de conectarse, contrastarse y verificarse a medida que el mineral avanza por la cadena.
La tecnología deja entonces de ser solamente una herramienta para registrar datos. Empieza a convertirse en la infraestructura que permite relacionarlos y darles contexto.
Fuentes:
OCDE — Enhancing Resilience Through Traceability (9 de septiembre de 2026)
OCDE — Executive Summary
OCDE — Understanding responsible business conduct and traceability
OCDE — Conclusion and policy recommendations





