
Un río no comienza ni termina donde se desarrolla una explotación minera. Forma parte de una cuenca hidrográfica en la que interactúan montañas, bosques, lluvias, suelos, comunidades y actividades económicas.
Por eso, comprender los impactos de la minería aurífera exige mirar más allá del lugar donde se extrae el oro.
¿Qué nos dicen las cifras?
Según el informe de explotación de oro de aluvión de 2025, divulgado por el Ministerio de Minas y Energía y UNODC en octubre de 2026, Colombia registró 118.410 hectáreas con evidencias de esta actividad en tierra, un incremento del 4,5 % frente al año anterior.
El informe clasificó aproximadamente el 75 % de esa superficie como explotación no autorizada.
Sin embargo, estas hectáreas no equivalen a una medición de agua contaminada ni permiten determinar, por sí solas, la concentración de mercurio en los ríos.
Las cuencas y sus diferentes realidades
En el Atrato, la minería mecanizada ha contribuido a alteraciones de cauces, sedimentación y contaminación documentadas en investigaciones ambientales y judiciales. La Sentencia T-622 de 2016 reconoció al río, su cuenca y afluentes como sujetos de derechos.
En el sistema Nechí-Cauca-Magdalena, las actividades auríferas interactúan con procesos de erosión, transporte de sedimentos, agricultura y otras intervenciones humanas.
En la Amazonía y la Orinoquía, el monitoreo satelital identifica actividades extractivas en ríos de gran importancia ecológica y cultural.
Cada cuenca presenta condiciones diferentes. Por eso, sus impactos no pueden evaluarse mediante una única explicación.
Sedimentos y mercurio no son lo mismo
La remoción de materiales puede incrementar la turbidez y modificar los ecosistemas acuáticos.
El mercurio, cuando se utiliza o libera durante determinados procesos de recuperación del oro, presenta riesgos diferentes: puede transformarse en metilmercurio y acumularse en organismos acuáticos.
La turbidez visible de un río no demuestra automáticamente contaminación por mercurio. Para establecerla se necesitan análisis especializados.
¿Cómo debemos evaluar los impactos?
La minería no es la única actividad que transforma las cuencas. También intervienen la deforestación, la agricultura, los vertimientos urbanos, las obras de infraestructura y los procesos naturales.
Esto no disminuye los impactos mineros comprobados. Significa que una evaluación científica debe identificar las fuentes, medir sus efectos y considerar su acumulación a lo largo del sistema fluvial.
También es necesario diferenciar la minería aluvial, subterránea e industrial, porque sus métodos y riesgos ambientales no son equivalentes.
Una reflexión sobre el territorio
La protección de los ríos requiere información confiable, monitoreo ambiental, restauración y participación de las comunidades.
Pero también exige comprender las condiciones económicas y sociales de quienes dependen de la minería, sin confundir pobreza, informalidad y responsabilidad ambiental.
La sostenibilidad no se construye negando los daños ni atribuyéndolos indiscriminadamente a poblaciones enteras.
Se construye identificando los impactos, exigiendo responsabilidades y desarrollando alternativas técnicas y económicas que permitan proteger simultáneamente los ecosistemas y la dignidad humana.
La pregunta de fondo es: ¿estamos evaluando los impactos de la minería sobre nuestros ríos desde una comprensión integral de las cuencas, o seguimos observando intervenciones aisladas sin entender todo el sistema?
Fuentes:
- Ministerio de Minas y Energía y UNODC. (2026). Monitoreo de explotación de oro de aluvión, datos de 2025. https://www.unodc.org/colombia/
- IDEAM. Estudio Nacional del Agua. https://www.ideam.gov.co/
- Corte Constitucional de Colombia. Sentencia T-622 de 2016. https://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2016/t-622-16.htm
- Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Información sobre mercurio y minería artesanal. https://www.unep.org/




